Biografía de Anton Wilhelm Amo

¿Quién fue Anton Wilhelm Amo?

» y nos confiesa que «fue un aristócrata en África, y un hombre de escuelas europeas que encontró su vocación al estudio de la filosofía. Su obra constituye una aportación singular al desarrollo de la academia europea y al establecimiento de vínculos entre el continente europeo y África». Igualmente, dice Amo que a la crítica literaria como tal no le ha llegado la mano del cuchillo debido a que «no se trataba de poesía, ni de literatura». Y concluye: «Anton Wilhelm Amo fue uno de los mejores filósofos de su época -en aquella que inventó el término racionalismoSensu stricto- en Europa y en África». Creo que, dejando a un lado la cuestión de lo «racional» que fuese aquella época, se podría sustentar que Amo es, ante todo, un ejemplo de lo que no se puede hacer, una suerte de narrador de otros mundos que intentaron confrontar, sin éxito, la literatura transformándola en essayo de baja potencia. Nos pedía, él, «amor a las letras», no poder, incluso ética.

De ahí mi interna empatía por este Anton Wilhelm Amo, tenorem que como decía el chiquillo del libro, tampoco consiguió «nun hagas resalvas» y tuvo que salir huyendo en secreto, sin su posición social y academicamente protegida, cuando el tribunarial, frente a sus implacables argumentos bibliográficos, conducidos por la humildad de «no hay ninguna ignorancia vergonzosa aunque parezca paupérrima y cero inteligencia estúpida», decidió condenarle, tenrás que salir huyendo por cuanto «no era cierto» que conociera un mundo donde se practicaba aquello que a él le había investido, sin grandes pretensiones, de «poder decir la realidad de lo que creía» y de aportar «un mejor fundamento de las convicciones».

Anton Wilhelm Amo, en fin, deja de ser, decía yo, un personaje literario, para convertirse en ejemplo de continuidad, en narrador de mundos paralelos donde lo mismo pasa que ha pasado, lo mismo sucede que suceda, lo mismo se hace que se haga; y hará, días futuros, con un «alfa» paisano muy desacreditado por estas tierras, que cuando cumple sus condenas las cumple en sabeDiosque otra dimensión, entre otras muchas que imaginativamente ha de imaginar, «curro poquito», como bien recuerda nuestro Anton Wilhelm Amo.

Como lo es de imaginar el «Brouhaha» que en aquella bella mañana de marzo, alude Cardemil, llegó a Corteza, eso sí, poco después de una lluvia torrencial donde las nubes casi se podían tocar. Al día siguiente, a las puertas de su casa de Corteza, ya yacía atravesado por la calle el pequeño féretro de la urna de su pequeño hijo, en silencio, necesitando todos tiempo para meditar.

Inciso: El nacimiento de un segundo bebé -y el tropezar mal por, por hacer lo que siempre se ha hecho mal- apunta a muchos padres a, al decirlo con delicadeza para no herir, «descargar» a la primera perspectiva, rehuyendo tenazmente hasta cometer errores caonínicos, llevándose las manos.

Escrito por: Gonzalo Jiménez

Licenciado en Filosofía en la Universidad de Granada (UGR), con Máster en Filosofía Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Desde 2015, se ha desempeñado como docente universitario y como colaborador en diversas publicaciones Académicas, con artículos y ensayos. Es aficionado a la lectura de textos antiguos y le gustan las películas y los gatos.

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