El Atomismo

¿Qué es el Atomismo?

El Atomismo filosofia foto

El atomismo es una escuela de pensamiento presocrática de la antigua Grecia, establecida a finales del siglo V a.C. por Leucipo de Mileto (siglo V a.C.) y su alumno más famoso, Demócrito. Enseña que la sustancia oculta en todos los objetos físicos está formada por diferentes disposiciones de átomos y vacíos (véase la sección sobre la doctrina del atomismo para más detalles).

La naturaleza básica del atomismo

El atomismo es en esencia una doctrina analítica. Considera que las formas observables en la naturaleza no son conjuntos intrínsecos, sino agregados. A diferencia de las teorías holísticas, que explican las partes en función de las cualidades del todo, el atomismo explica las propiedades observables del todo por las de sus componentes y sus configuraciones.

Para comprender el desarrollo histórico del atomismo y, sobre todo, su relación con la teoría atómica moderna, es necesario distinguir entre el atomismo en sentido estricto y otras formas de atomismo. El atomismo en sentido estricto se caracteriza por tres puntos: los átomos son absolutamente indivisibles, cualitativamente idénticos (es decir, distintos sólo en forma, tamaño y movimiento) y combinables entre sí sólo por yuxtaposición. Otras formas de atomismo son menos estrictas en estos puntos.

El atomismo suele asociarse a una visión «realista» y mecanicista del mundo. Es realista en el sentido de que los átomos no se consideran construcciones subjetivas de la mente empleadas para conseguir un mejor control de los fenómenos a explicar, sino que los átomos existen en la realidad real. Del mismo modo, la visión mecanicista de las cosas, que sostiene que todos los cambios observables pueden reducirse a cambios de configuración, no es una mera cuestión de emplear un modelo explicativo útil; la tesis mecanicista sostiene, en cambio, que todos los cambios observables son causados por movimientos de los átomos. Por último, como doctrina analítica, el atomismo se opone a las doctrinas organicistas, que enseñan que la naturaleza de un todo no puede descubrirse dividiéndolo en sus partes componentes y estudiando cada parte por sí misma.

Dos tipos básicos de atomismo

La historia del atomismo puede dividirse en dos periodos más o menos distintos, uno filosófico y otro científico, con un periodo de transición entre ambos (del siglo XVII al XIX). Este hecho histórico justifica la distinción entre atomismo filosófico y científico.

El atomismo filosófico

En el atomismo filosófico, que es tan antiguo como la filosofía griega, la atención se centraba no en la explicación detallada de todo tipo de fenómenos concretos, sino en algunos aspectos generales básicos de estos fenómenos y en las líneas generales según las cuales era posible una explicación racional de estos aspectos. Estos aspectos básicos eran la existencia en la naturaleza de una multiplicidad de formas diferentes y de un cambio continuo. ¿De qué manera se podían explicar estos rasgos? El atomismo filosófico ofrecía una respuesta general a esta pregunta. Sin embargo, no se limitó estrictamente al problema general de explicar la posibilidad del cambio y la multiplicidad, ni siquiera en el antiguo atomismo griego, ya que en el pensamiento griego la filosofía y la ciencia todavía formaban una unidad. En consecuencia, los atomistas también trataron de dar explicaciones más detalladas de fenómenos concretos, como la evaporación, aunque estas explicaciones estaban destinadas más a refrendar la doctrina general del atomismo que a establecer una teoría física en el sentido moderno de la palabra. Una teoría de este tipo todavía no era posible, porque una teoría física debe basarse en información indirecta o directa sobre las propiedades concretas de los átomos implicados, y esa información no estaba disponible entonces.

La teoría atómica moderna

Con el desarrollo de una teoría atómica científica, los problemas filosóficos generales fueron pasando a un segundo plano. Toda la atención se centra en la explicación de los fenómenos concretos. Las propiedades de los átomos se determinan en relación directa con los fenómenos a explicar. Por eso la teoría química atómica del siglo XIX suponía que cada elemento químico identificado tiene sus propios átomos específicos y que cada compuesto químico tiene sus propias moléculas (combinaciones fijas de átomos). Las partículas que actúan como unidades inalteradas e indivisas dependen del tipo de proceso del que se trate. Algunos fenómenos, como la evaporación, se explican por un proceso en el que las moléculas permanecen inalteradas e idénticas. Sin embargo, en las reacciones químicas las moléculas pierden su identidad. Sus estructuras se rompen y los átomos que las componen, aunque conservan su propia identidad, se reorganizan en nuevas moléculas. Con las reacciones nucleares se alcanza un nuevo nivel, en el que los propios átomos ya no se consideran indivisibles: en las explicaciones de las reacciones nucleares aparecen más partículas elementales que los átomos.