El Historicismo

¿Qué es el Historicismo?

El historicismo sostiene que existe una sucesión orgánica de desarrollos y que las condiciones y peculiaridades locales influyen en los resultados de forma decisiva. Puede contrastarse con el reduccionismo o el atomismo, que sostienen que todos los desarrollos pueden explicarse mediante principios fundamentales sobre una base ad hoc. El historicismo reconoce el carácter histórico de toda la existencia humana, pero considera la historia no como un sistema integrado sino como un escenario en el que se expresan diversas voluntades humanas. Sostiene que todo el conocimiento histórico es relativo al punto de vista del historiador.

A mediados del siglo XIX, el término «historismus» (del que procede el historicismo) estaba bien establecido en Alemania, donde se produjo gran parte del desarrollo inicial de la doctrina en los siglos XVIII y XIX. Ya en 1797, Friedrich Schlegel (1772 – 1829) menciona el historicismo como un «tipo de filosofía» que hace hincapié en la historia. Sin embargo, se utilizó principalmente como término peyorativo hasta el siglo XX.

El filósofo austriaco-británico Karl Popper (1902 – 1994) se ha opuesto al Historicismo por considerar que conduce a un modelo inevitable y determinista de la historia y, por tanto, deroga la responsabilidad democrática de cada uno de nosotros de hacer nuestras propias contribuciones libres a la evolución de la sociedad y, por tanto, conduce al Totalitarismo.

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Tipos de Historicismo

El término «historicismo» se utiliza en diferentes campos de estudio (incluyendo la filosofía, la antropología y la teología) para indicar algunas líneas de pensamiento muy diferentes:

El historicismo hegeliano

Es la posición, adoptada por G. W. F. Hegel, de que todas las sociedades humanas (y todas las actividades humanas como la ciencia, el arte o la filosofía) se definen por su historia, y que su esencia sólo puede buscarse a través de la comprensión de ésta. Además, sostenía que la historia de cualquier actividad humana de este tipo no sólo se basa en lo anterior, sino que también reacciona contra ello (una posición que desarrolló a partir de sus famosas enseñanzas dialécticas de tesis, antítesis y síntesis). Según Hegel, para entender por qué una persona es como es, hay que situar a esa persona en una sociedad; y para entender esa sociedad, hay que entender su historia y las fuerzas que la han formado. Es famosa su afirmación de que «la filosofía es la historia de la filosofía».
Los hegelianos de derecha o viejos hegelianos tomaron la concepción de Hegel de las sociedades humanas como entidades superiores a los individuos que las constituyen para influir en el nacionalismo romántico del siglo XIX y sus excesos del siglo XX. Los jóvenes hegelianos, por el contrario, tomaron el pensamiento de Hegel sobre las sociedades moldeadas por las fuerzas del conflicto social para una doctrina del progreso, y la teoría de Karl Marx sobre las «inevitabilidades históricas» fue influenciada por esta línea de pensamiento.

El historicismo bíblico

Es una creencia teológica protestante según la cual el cumplimiento de las profecías bíblicas ha tenido lugar a lo largo de la historia y sigue teniendo lugar en la actualidad (a diferencia de otras creencias que limitan el marco temporal del cumplimiento de las profecías al pasado, o al futuro).

El historicismo antropológico

Se asocia con las ciencias sociales empíricas y, en particular, con la obra del antropólogo germano-americano Franz Boas (1858 – 1942). Combina el difusionismo (la idea de que toda la cultura y la civilización se desarrollaron una sola vez en el antiguo Egipto y luego se difundieron por el resto del mundo a través de la migración y la colonización) con el particularismo histórico (la idea de que hay que llevar a cabo estudios regionales detallados de las culturas individuales para descubrir la distribución de los rasgos de la cultura y comprender los procesos individuales de cambio cultural en funcionamiento).

El Nuevo Historicismo

Es el nombre dado a un movimiento que sostiene que cada época tiene su propio sistema de conocimiento, con el que los individuos están inexorablemente enredados. Por ello, los postestructuralistas sostienen que todas las cuestiones deben resolverse en el contexto cultural y social en el que se plantean, y que las respuestas no pueden encontrarse apelando a una verdad externa.