El Racionalismo

¿Qué es el Racionalismo?

El racionalismo es un movimiento filosófico que cobró impulso durante la Edad de la Razón del siglo XVII. Se suele asociar a la introducción de métodos matemáticos en la filosofía durante este periodo por parte de las principales figuras racionalistas, Descartes, Leibniz y Spinoza. La preponderancia de los racionalistas franceses en el Siglo de las Luces, entre los que se encuentran Voltaire, Jean-Jacques Rousseau y Charles de Secondat (Barón de Montesquieu) (1689 – 1755), suele conocerse como racionalismo francés.

El racionalismo es cualquier punto de vista que apele a la razón intelectual y deductiva (por oposición a la experiencia sensorial o a cualquier enseñanza religiosa) como fuente de conocimiento o justificación. Así, sostiene que algunas proposiciones son conocibles por nosotros sólo mediante la intuición, mientras que otras son conocibles al ser deducidas mediante argumentos válidos a partir de proposiciones intuidas. Se basa en la idea de que la realidad tiene una estructura racional en el sentido de que todos los aspectos de la misma pueden captarse mediante principios matemáticos y lógicos, y no simplemente mediante la experiencia sensorial.

Los racionalistas creen que, en lugar de ser una «tabula rasa» a la que se le imprimen datos sensoriales, la mente está estructurada por métodos matemáticos de razonamiento y responde a ellos. Algunos de nuestros conocimientos o los conceptos que empleamos forman parte de nuestra naturaleza racional innata: las experiencias pueden desencadenar un proceso por el que traemos este conocimiento a la conciencia, pero las experiencias no nos proporcionan el conocimiento en sí, que de alguna manera ha estado con nosotros todo el tiempo. Véase la sección sobre la doctrina del racionalismo para más detalles.

Empirismo

El racionalismo suele contraponerse al empirismo (la opinión de que el origen de todo conocimiento es la experiencia de los sentidos y la percepción sensorial), y a menudo se le denomina racionalismo continental porque predominaba en las escuelas continentales de Europa, mientras que el empirismo británico dominaba en Gran Bretaña. Sin embargo, la distinción entre ambos quizá no sea tan clara como a veces se sugiere, y probablemente ni siquiera los filósofos implicados la habrían reconocido. Aunque los racionalistas afirmaban que, en principio, todo el conocimiento, incluido el científico, podía obtenerse mediante el uso exclusivo de la razón, también observaban que esto no era posible en la práctica para los seres humanos, excepto en áreas específicas como las matemáticas.

Tiene algunas similitudes en cuanto a ideología e intención con el anterior movimiento humanista, en el sentido de que pretende proporcionar un marco para el discurso filosófico al margen de las creencias religiosas o sobrenaturales. Pero en otros aspectos hay poco que comparar. Aunque las raíces del racionalismo pueden remontarse a los eleáticos y pitagóricos de la antigua Grecia, o al menos a los platónicos y neoplatónicos, la formulación definitiva de la teoría tuvo que esperar hasta los filósofos del siglo XVII de la Edad de la Razón.

René Descartes

René Descartes es uno de los primeros y más conocidos defensores del racionalismo, que a menudo se conoce como cartesianismo (y los seguidores de la formulación del racionalismo de Descartes como cartesianos). Creía que el conocimiento de las verdades eternas (por ejemplo, las matemáticas y los fundamentos epistemológicos y metafísicos de las ciencias) podía alcanzarse sólo con la razón, sin necesidad de ninguna experiencia sensorial. Otros conocimientos (por ejemplo, el conocimiento de la física), requerían la experiencia del mundo, ayudada por el método científico – una posición racionalista moderada. Por ejemplo, su famosa sentencia «Cogito ergo sum» («Pienso, luego existo») es una conclusión a la que se llega a priori y no mediante una inferencia de la experiencia. Descartes sostenía que algunas ideas (ideas innatas) provienen de Dios; otras ideas se derivan de la experiencia sensorial; y otras son ficticias (o creadas por la imaginación). De éstas, las únicas ideas que son ciertamente válidas, según Descartes, son las innatas.

Baruch Spinoza

Baruch Spinoza amplió los principios básicos del racionalismo de Descartes. Su filosofía se centró en varios principios, la mayoría de los cuales se basaban en su noción de que Dios es la única sustancia absoluta (similar a la concepción de Dios de Descartes), y que la sustancia está compuesta por dos atributos, el pensamiento y la extensión. Creía que todos los aspectos del mundo natural (incluido el hombre) eran modos de la sustancia eterna de Dios, y por tanto sólo pueden conocerse a través del pensamiento puro o la razón.

Gottfried Leibniz

Gottfried Leibniz intentó rectificar lo que consideraba algunos de los problemas no resueltos por Descartes, combinando la obra de éste con la noción de forma de Aristóteles y su propia concepción del universo como compuesto de mónadas. Creía que las ideas existen en el intelecto de forma innata, pero sólo en un sentido virtual, y que sólo cuando la mente reflexiona sobre sí misma esas ideas se actualizan.

Nicolas Malebranche

Nicolas Malebranche es otro conocido racionalista, que intentó compaginar el racionalismo de René Descartes con sus fuertes convicciones cristianas y su aceptación implícita de las enseñanzas de San Agustín. Sostenía que, aunque los seres humanos alcanzan el conocimiento a través de ideas y no de percepciones sensoriales, esas ideas sólo existen en Dios, de modo que cuando accedemos a ellas intelectualmente, aprehendemos la verdad objetiva. Sus puntos de vista fueron muy contestados por otro racionalista cartesiano y jensenista, Antoine Arnauld (1612 – 1694), aunque principalmente por motivos teológicos.

Siglo XVIII

En el siglo XVIII, los grandes racionalistas franceses de la Ilustración (a menudo conocidos como racionalismo francés) incluyen a Voltaire, Jean-Jacques Rousseau y Charles de Secondat (Barón de Montesquieu) (1689 – 1755). Estos filósofos produjeron algunos de los escritos políticos y filosóficos más poderosos e influyentes de la historia de Occidente, y tuvieron una influencia decisiva en la posterior historia de la democracia occidental y el liberalismo.

Immanuel Kant

Immanuel Kant comenzó como un racionalista tradicional, habiendo estudiado a Leibniz y a Christian Wolff (1679 – 1754), pero, tras estudiar también las obras del empirista David Hume, desarrolló un racionalismo propio distintivo y muy influyente, que intentaba sintetizar las tradiciones racionalista y empirista tradicionales.

Siglo XX

A mediados del siglo XX hubo una fuerte tradición de racionalismo organizado (representada en Gran Bretaña por la Asociación de Prensa Racionalista, por ejemplo), que estuvo especialmente influenciada por los librepensadores e intelectuales. Sin embargo, el racionalismo en este sentido tiene poco que ver con el racionalismo continental tradicional, y se caracteriza más por la confianza en la ciencia empírica. Acepta la supremacía de la razón, pero insiste en que los resultados sean verificables por la experiencia e independientes de toda suposición o autoridad arbitraria.